martes, 10 de septiembre de 2024

El rostro humano de la innovación: Michael Jackson 

La innovación supone un cambio y un avance en la mayor perfección de lo innovado: es la creación de un arquetipo. Hay innovaciones que facilitan el conocimiento, la comprensión y el gusto por cierta música y sus autores e intérpretes. Innovación que dispara la industrialización y comercialización de la mercancía, entendida como un bien cultural en su siempre doble aspecto de contenido y envoltorio. 

El video clip, es decir el corto musical creado como promoción de un disco o cederrón valiéndose para su producción de las técnicas propias de la cinematografía es una auténtica novedad, una innovación dentro no sólo de la industria discográfica de numerosos grupos, sino televisivas y, últimamente, de la Internet. 

El primer corto musical creado como promoción de un disco fue Bohemian Rapsody de Queen, realizado en 1975 por Bruce Gowers, y en el que colaboró Freddie Mercury, aunque este camino lo habían iniciado ya los Beatles en 1966 con un video clip para promocionar sus canciones Paperback Writer y Rain. Ahora, el primer corto musical propiamente dicho fue el realizado por el cantante Carlos Gardel, que en 1930 filmó una serie de cortos musicales. 

Sin embargo, el antes y el después de los video clip ha sido obra Michael Jackson, fallecido en 2009,  con su famoso Thriller, un largo video clip puramente cinematográfico dirigido por John Landis y estrenado en diciembre de 1983. 

La innovación de Thriller, consintió en crear un producto que fuera más allá de la mera promoción musical. Jackson quería crear historia y dar sentido visual a la música. Fruto de esa idea fue la producción de un cortometraje de 14 minutos basado en la mejor escuela del musical. Luego vendrían los video clip Smooth criminal (considerado como el mejor de toda la historia) y Bad. 

Nunca hasta hoy el panorama musical había tenido un artista más innovador en el desarrollo y producción de video clips: innovaciones visuales, argumentales, estilísticas, tecnológicas, coreográficas y musicales: fusión de soul o funk con música disco y luego con dance, o hard dance; soul o funk con hip hop, estilo denominado new jack swing (fusión del sonido soul clásico e hip hop). Jackson también practicó el rock and roll duro, mediante sus aportaciones al hard rock. 

Las innovaciones en el arte del baile no son menores, el más conocido y popular es el paso lunar (moonwalk), basado en la forma que los niños tienen de moverse en la calle. En el álbum Bad, Jackson introdujo la ya famosa simulación de la falta de gravedad en un paso de baile en la canción Smoth Criminal. Para ello diseño un calzado especial que facilitaba la extremada inclinación del bailarín hacía adelante. 

No directamente vinculado al espíritu innovador, pero sí esencial para alcanzar sus múltiples arquetipos en el baile, el concepto de los videos clip y en la interpretación vocal, hay que decir que Michael Jackson era un cantante que tenía un registro de voz muy poco común, abarcaba cuatro octavas, es decir los registros propios del barítono, el contratenor y el tenor, los tres. Además Jackson estaba dotado de oído absoluto, que es la escasísima habilidad que algunos artistas tienen de identificar una nota musical por su nombre sin necesidad de ayudarse de una nota de referencia (el La de 440 vibraciones por segundo que es la que se utiliza para la afinación de las masas orquestales, por ejemplo), y ser capaz al mismo tiempo de producir con exactitud una nota cantando sin ninguna referencia sonora, algo verdaderamente difícil y que sólo estaba al alcance de algunos músicos clásicos (Beethoven, Bach, Mozart…Sinatra) y directores de orquesta. 

Michael Jackson encarnaba el verdadero espíritu innovador: el pasado 29 de agosto hubiera cumplido 66 años). La innovación con rostro humano sin la que el baile urbano actual no hubiese sido posible, como tampoco los video clip de hoy día y tantas otras cosas más. La innovación no es sólo un concepto, un manual, una política; un programa, la innovación es ante todo la actitud de un espíritu decidido a cambiar su mundo valiéndose de los medios disponibles y a su alcance: técnicos, científicos, literarios, económicos… 



lunes, 2 de septiembre de 2024

MANERAS DE MIRAR A TRAVÉS DE UNA VENTANA

 Acaba agosto y siento nostalgia de la gente que ha dejado la playa donde a diario y siempre en el mismo punto llegaba se saludaban y entretenían charlando. Mientras los observaba, totalmente desnudas, como yo, reflexionaba sobre algo tan, quizá insignificantes como es la forma de mirar y ver. Entonces me vino inmediatamente a la memoria un corto texto que hacía referencia a esta reflexión. Era una hoja suelta, volandera, firmada por un tal John Nitran:

MANERAS DE MIRAR A TRAVÉS DE UNA VENTANA
Desde mi ventana podía ver el parque donde las hojas de los ficus movían el viento, y los niños correteaban. Vi mi imagen junto a ellos; imagen de tiempo pasado.

Asomado a la ventana vi como ahí abajo pasaba por delante de mí con su perro lentamente. Su figura se fue empequeñeciendo hasta doblar la esquina. Entonces sentí nostalgia, soledad, excitación...amor.

1,2,3... son aviones que veo cruzar el cielo desde mi ventana dejando una estela de sueños, esperanzas; vidas, imaginando un destino y un futuro.

Es de noche y a través de la ventana veo otras que se iluminas o se esconden. Es un baile silencioso de risas y juegos, llantos, muerte, sexo. Vecindad. Vacío.

Desde mi ventana veo otra ventana donde una mujer asomada hace pompitas de jabón y mueve al viento.

Hoy he mirado desde mi ventana el inmenso cielo incoloro y pensé en el mundo, en su gramática. Me encogí.

Desde mi ventana he mirado hacia dentro y sentí miedo, miedo por el desconocido que tenía junto a mí.

Miré por la ventana y vi al mirlo, familiar, el de siempre, el eterno, corretear por el tejado. Sentí vergüenza.
Desde mi ventana vi y sentí la brisa húmeda del mar, y cómo sus grandes olas dejaban espumarajos en la orilla, junto a la arena. Miré más allá, hasta el Helesponto, Troya (la guerra de todas las guerra), y entonces hasta mí llegó el lamento de Casandra, sobre este oleaje, camino de la muerte.

Desde mi venta vi una figura que pugnaba por saltar desde una terraza. Moví las manos, hice gestos, quise gritarle: ¡No, no, no! Entonces sentí que alguien me sujetaba por detrás.

Esta mañana vi desde mi ventana una cabina telefónica en la que había un niño acurrucado en el suelo, y me imagine al teléfono en silencio observando al niño dormido.

Delante de mi ventana veo un muro que se abre y un recuerdo: Nuevedemayo. Stutthof. El primero y el último campo de concentración. Abro la ventana y escucho esa voz: Frage nicht'ne Frages (No preguntes).
John Nitran
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martes, 27 de agosto de 2024

El precinto

 En mi recien ganada soledad, es un decir, he adquirido el hábito de releer. De releer porque en este tiempo, en este cuarto largo de siglo XXI no ha ocurrido nada literariamente que me haga abandonar la tumbona al sol o el baño diario en el mar. Así que releo. Pues bien, hace unos días cayó en mis manos un curioso texto, ya leído hace tiempo, titulado El Precinto, pero del que no me acordaba. Volví a reir con él, y me acorde de otro texto en el que su autora la emprendía contra una botella de lejía por sentirse incapaz de abrirla. La cosa termino a cuchilladas.

Este otro texto, El Precinto, esta basado, creo y entiendo, en hechos reales. Al menos su autor, del que no recuerdo su nombre, como tampoco el de la autora antes mencionada, así lo explicaba en alguna parte. En fin, aquí va el texto.
El precinto
Fue inútil. No pudo. Después de diez minutos de lucha denodada contra el precinto del envoltorio de galletas, no logró despegárselo de los dedos. No encontraba el modo de hacerlo: frotaba uno contra otro, el dedo índice y el pulgar, al tiempo que sacudía enérgicamente la mano. Nada. No hubo forma.
Aun así, él no quería renunciar a consumir esas galletas: en cuanto se mojaban en café o té caliente, se ablandaban de inmediato, no como otras que se resistían titánicamente a ello y, cuando quería acordar, ya había perdido el apetito o, por olvido negligente, se habían partido (por ablandamiento excesivo) y viajaban inexorablemente al fondo de la taza.
El precinto —estrecho y de color rojo— está a la altura de la tercera galleta. Cuando se abre el paquete, esas galletas quedan sueltas (como si dijésemos a la intemperie). Para evitar que rueden por ahí, lo mejor es comérselas, aunque para ello sea necesario vencer la inapetencia del momento. En mi caso, por ejemplo, y como ferviente consumidor de esas galletas, hago todo un ritual: antes de abrir el envoltorio, pongo agua a calentar, hago un té con una nube de leche, siempre desnatada, y echo cuatro pastillitas de sacarina; por último, me siento y, relajadamente, doy cuenta de ellas. Porque no sé si sabrán que, en caso de dejarlas fuera de su envase, rodando, en uno o dos días, pierden su natural lozanía y resultan incomestibles. Y ello supone un derroche inaceptable para una economía como la mía, no de subsistencia, pero en todo caso nada holgada.
No obstante, Goyo fue una persona nada dispuesta a luchar contra el precinto. La última vez que supe de él, su viuda me contó que la víspera de su muerte había salido a comprar varios encargos para ella, además de galletas.
Los hechos de su muerte, según me contó Clara, la viuda, sucedieron de modo inexplicable. Cuando Goyo llegó del súper, colocó la compra; después, cogió las galletas y, en lugar de abrir uno de los paquetes por el lado del precinto, lo hizo por la parte contraria. Comió unas cuentas untadas en mermelada de fresa, y parecía encontrarse bien, feliz, como si hubiese conseguido un triunfo, un éxito. Esa noche, murió por asfixia. Cuando, a la mañana siguiente, Clara lo llamó, lo hizo varias veces sin obtener respuesta, lo movió enérgicamente (zarandeó) y, al darle la vuelta, comprobó horrorizada que estaba muerto: miraba al cielo, con los ojos muy abiertos, como de sorpresa e incredulidad, y el color de su cara era violáceo.
Nadie se explicaba el suceso: Goyo era un hombre joven, fuerte y muy cordial. Al hacerle la autopsia, el médico forense encontró en su garganta el precinto de un envoltorio. Y, al día siguiente de estos hechos, Diana, la hija de Goyo, al abrir el aparador, vio las galletas desparramadas por la superficie; era como si alguien hubiese roto el envoltorio y se hubiera entretenido en esparcirlas intencionadamente. Habían perdido su natural lozanía y hubo que tirarlas.
Mientras escribo esta historia, por lo demás trágica, lo hago junto al precinto de un envoltorio de esas galletas. Está junto a mi ordenador desde hace más de un mes y, aún hoy, cuando lo toco, este se adhiere a mis dedos como si tuviera vida. Lo desprendo con mucho cuidado y suavidad valiéndome de la otra mano y vuelvo a dejarlo en el mismo lugar. No tengo intención alguna de hacer nada que pueda alterarlo: la vida es un regalo y nunca se la ama lo suficiente.

domingo, 25 de agosto de 2024

Manhattan, Mago de Oz y Caffe CINO

No suelo hablar de mí, ni de mi obra literaria, pero hoy haré una excepción. Y ello porque se celebra el ochenta y cinco aniversario del estreno de la película El Mago de Oz, y en mi novela Abril en Manhattan hay una relación, no directa pero si palpable para el lector atento e inteligente.

Varios son los lugares icónicos del mundo homosexual en el decenio de 1960 en Estados Unidos de Norteamérica, pero en mi caso me referiré únicamente a dos: el club Stonewall Inn y el Caffe Cino, ambos descritos en Abril en Manhattan.

Mi referencia al Stonewall Inn es de dos años antes (1967) de cuando comenzaron los disturbios que dieron lugar al movimiento de liberación homosexual, y el Caffe Cino, porque es un pequeño café-teatro precursor de lo que serían las salas de teatro vanguardistas; es decir lo que se dio en llamar Off-Off-Broadway, y que luego se extendieron por todo el país y Europa.

«El Stonewall Inn, en el 53 Christopher St, al oeste de Manhattan, propiedad de la familia Genovese, carecía de salidas de emergencia y de agua corriente, no tenía licencia para vender alcohol ni para baile…¡Un desastre!, pero mientras las autoridades hicieran la vista gorda, el local podría seguir hundiéndose en la mierda y dando alcohol robado y de pésima calidad a sus clientes en vasos sin lavar y al doble de precio que en otros clubes. Tenía dos salones de baile. Uno de ellos, el más próximo a la entrada y presidido por una gramola jukebox, estaba destinado a los homosexuales con pluma (sin huesos en las muñecas) y drag queen, y otro, más al fondo, para los homosexuales que no se manifiestan como tales».

Pero pasemos al Caffe Cinio, en el 31 de Cornelia Street. Un pequeño teatro donde se daban cita vanguardias artísticas fundamentalmente homosexuales, pero no sólo. También lo frecuentaban artistas bohemios, hippies, Beatnik...

Cuando Joe Cino murió, el fundador del café, se hicieron cargo de él algunos de sus más cercanos amigos, entre ellos el dramaturgo Wilson. Lanford.

«El Cino era un local de difícil localización en el Greenwich Village. Se podía pasar de largo sin darse uno cuenta y posteriormente verse en la necesidad de volver sobre sus pasos.

La fachada era pequeña y la entrada al local estrecha, remetida y angosta, flanqueada por dos jambas de madera decorativas y un dintel sobe el que podía verse una máquina de aíre acondicionado. Al entrar era preciso superar un escalón en el cual era muy fácil tropezar por falta de iluminación e irse al suelo, o en el mejor de los casos dejar una señal indeleble en la puntera de uno de los zapatos después de un formidable tropezón, y una mano auxiliadora.

El local estrecho y alargado resultaba claustrofóbico. Las mesas eran redondas de pata central con soporte cuadrado, muy desequilibradas y desequilibrantes, y las sillas, de multitud de estilos y procedencias. Las mesas se encontraban situadas a ambos lados de la sala para dejar en medio un pasillo por el cual circular. En un punto indeterminado había una especie de escenario diminuto».

Un gran número de obras teatrales de Lanford Wilson, fueron estrenado aquí, en el Cino, como es la que me trae aquí. Me refiero a su conocida y casi primeriza obra: La locura de lady bright.

«Nunca hasta ese momento me había encontrado con nada semejante en literatura: el monólogo de Leslie Bright, una anciana drag quin. Un monólogo, creo recordar, donde la venerable anciana relataba los delirios de su vida Todo ello en una habitación de la ciudad de Nueva York en pleno estío. De modo que poco a poco, página a página, el lector se va adentrando en la locura de lady bright. Me pareció sensacional, sinceramente.

Lady bright soñaba en su locura con uno de los ídolos femeninos de la época, Judy Garland, protagonista de Ha nacido una estrella, y sobre todo de El Mago de Oz».

La Garland es todo un símbolo para el mundo homosexual. Su canción Sobre el arco Iris, fue precursora de la famosa bandera mundialmente conocida.

El Mago de Oz fue estrenada el 25 de agosto de 1939, hoy hace 85 años. Abril en Manhattan es mucho más que todo esto aquí contado y subrayado, pero quizá en otro momento cuente algo más de su trasfondo: eso que suele pasar desapercibido a los críticos, y más aún a los pseudocríticos.




viernes, 5 de enero de 2024

Las vidas pasadas nunca pasan

Hace unos días me dio por reflexionar acerca del pasado. En realidad de los intentos de traerlo al presente y rejuvenecerlo; darle sentido de nuevo: revivirlo. En tales circunstancias suele salir en tu socorro el cine. El afán propio, ese deseo irrenunciable y poderosos, te hace encontrar, sin saber muy bien cómo y de qué manera, aquello que ciertamente necesitas: el filme exacto que da vida a ese recuerdo.

Past Lives (Vidas pasadas) es una película en versión original bajo la dirección y guion de la surcoreana-canadiense Celine Song, e interpretada por Greta Lee, como Nora, y Teo Yoo, en el papel de Jung Hae Sung.

Nora y Jung Hae Sung, dos amigos de la infancia muy unidos, se ven separados cuando los padres de Nora deciden emigrar a Canadá. Y será doce años después cuando ambos se reencuentran gracias a Internet, a Facebook, pero sólo se cruzan mensajes y cortas videollamadas. Algunos años después logran encontrarse cuando él viaja a Nueva York, donde ahora vive ella, de vacaciones, aunque en realidad es para verla. Juntos reviven esa infancia y el momento presente del reencuentran, sabiendo cual será el final: la nueva y tal vez definitiva separación. Ambos tienen su vida hecha: Ella escritora y casada también con un escritor, y Jung Hae Sung soltero, con novia, pero en ese momento distanciados, y con un futuro incierto.

Aquella niña, rubia, de ojos intensamente azules y él tenían nueve años cuando jugaban y compartían sus vidas infantiles en una bonita localidad segoviana. Pero como en Vidas Pasadas, llegó la separación. En este caso fue la familia de él quien se traslado a la capital, a Madrid. Como si del eterno retorno se tratase, sesenta y tres años después, igual que en el filme, Facebook logro el milagro del reencuentro. Luego llegaría el largo, intenso y prolongado abrazo. ¡Cuántas historias comunes, sin saberlo, habían vivido a distancia! ¡Cuántos secretos, misterios, y sorpresas surgieron: una nueva vida dentro del tiempo, una especie de Hueco donde sin saberlo ambos existían.

Las vidas pasadas, en realidad no pasan nunca.


miércoles, 18 de enero de 2023

Corea del Sur y el cine indie


Hace unos días me acerqué a una de las plataformas de mi televisor para ver la película coreana Minari: historia de mi familia, escrita y dirigida por Lee Isaac Chung.Días antes había ido a los cines Golem a ver La Novelista y su película, de Hong Sang-soo.
Dos cintas muy distintas, pero con algo en común: el tratamiento de los paisajes, ya sean estos urbanos, como en la Novelista y su película, o rústico, como ocurre en Minari: historia de mi familia.
La fotografía es detallista al máximo, con planos donde sus protagonistas expresan todo un mundo de sensaciones, sentimientos, alegrías y tristezas. Planos largo, lentos... ensimismados, en los que el tiempo no existe. Gran virtud de esta clase de cine.
Minari es la lucha de una familia coreana residente en EE UU por mejorar su vida, dedicada a la nada creativa actividad de sexar pollos. Desean desarrollar una industria agrícola basada en productos que consumen la comunidad coreana, muy extensa donde han ido a instalarse. Finalmente logran el propósito, pero no antes de sufrir un incendio en el almacén por el descuido de la madre de la protagonista debido a la inmovilidad parcial causada por un derrame cerebral. La abuela (Youn Yuh-jung. Oscar 2021 a la mejor actriz de reparto) es al mismo tiempo causa de la alteración en el día a día de la familia, y la unión de todos ellos en superar las desgracias y asumir el reto de sobreponerse a los contratiempos como el matrimonio, con dos hijos, se habían jurado desde un principio. Película sensible, tierna, y en la que es posible ver o entrever ese mundo extraño para muchos de nosotros que es el de ciertos países orientales.
La Novelista y su película es una obra rodada en los arrabales de una gran ciudad coreana. Es el encuentro y reencuentros de diversos personajes, todo a raíz de la necesidad de una novelista, agotada literariamente, de cambiar su registro: hacer un documental, un corto. Es en blanco y negro hasta el último fotograma en el que el director rinde homenaje a su esposa, una de las protagonistas del film, y rueda unos primeros planos de ella sosteniendo entre sus manos un ramo de flores: Kim Min-hee.
He leído varias criticas de esta película y he de decir que ninguna me ha satisfecho. No es como parece, el renacer de una escritora después de lograr escribir y rodar un corto. No, por el contrario es el final de una vida creadora. La imagen en b/n casi final en la que se ve un pasivo donde a un lado esta el ascensor en el que la novelista ha subido hasta la terraza, y al otro lado del pasillo donde se encuentra el estudio es enormemente significativa. En el medio, el más absoluto y frío de los vacíos: ausencia de vida. Ahí esta el el verdadero final. Solo hay una excepción que pasa muy desapercibida, y es la imagen de una niña asomada a la cristalera del restaurante donde la actriz y la novelista están comiendo y hablando de ese posible corto. Esa niña representa precisamente lo que ya no tienen los demás personajes, el futuro, una vida creativa por delante.
He de resaltar el cuidado de la toma de escenas. Pocas tomas de frente y infinidad de perfil, como huyendo, escondiéndose. En realidad es una galería de personajes fracasados: un poeta alcoholizado, una joven actriz con problemas igualmente debido al alcohol, y la dueña de una librería refugiada por sus escasos éxitos como escritora, amiga de la novelista, que ha ido a verla.
Ambos film son sobre todo metafóricos. Esa es una de las grandes riquezas que he podido ver en el cine coreano, Un cine que cada día me atrae más. Un cine indie sumamente atractivo y adictivo.

viernes, 30 de diciembre de 2022

ADADA

Estimado lector, no debe confundir nunca ADADA con DADA, aunque algunos dadaístas podrían pertenecer a la primera sin que nadie se sorprendiera en absoluto.

Querido lector, pensará que le estoy intentando tomar el pelo, pero no. Le cuento. Todos, por lo general decidimos cuando está a punto de comenzar un nuevo año cambiar de vida o iniciar nuevos y arriesgados proyectos: comer menos, hacer más ejercicio, o ejercicio, viajar; cambiar de empresa y mandar a tomar por el culo al actual jefe... En fin, se nos pasa por la cabeza infinitud de ideas. En mi caso les diré que he decidido no esperar a las campanadas para cambiar, y en consecuencia voy a retomar la escritura en este mi diario que tenía abandonado desde hacía mucho tiempo. Y este texto es la prueba de ello. Hoy, viernes-sábado 30-31 de diciembre de 2022, comienzo una nueva etapa, que espero les reporte alguna satisfacción. Bien, dicho todo lo anterior retomo el hilo de mis dos primeras líneas.

ADADA es la abreviatura de Asociación de Amigos del Alcohol, término recogido en algunas, no todas, las ediciones del Manual de español urgente, editado por la Agencia EFE, y DADA es la abreviatura de dadaísmo.

Saco esto a colación por dos razones muy fundamentales. La primera es que esta mañana estuve leyendo un texto del filólogo y amigo, Alberto Gómez Font. En ese escrito, Alberto cuenta cómo en los ochenta era corrector de estilo y asesor lingüístico (filólogo de guardia) en la Agencia EFE, y entre sus funciones estaba, junto con otros colegas, las actualizaciones para la nuevas ediciones del libro de estilo de la agencia: Manual de español urgente. Pues bien en la 4ª edición de 1985, cuenta Alberto, que él y su amigo Ignacio Vázquez Moliní, a la sazón fundador de "una cofradía de amantes de las bebidas destiladas y de las fermentadas" bautizada como Asociación de Amigos del Alcohol (ADADA), decidieron incluir las siglas de dichas asociación en el apartado Siglas y Abreviatura de la prestigiosísima publicación Manual de español urgente.

ADADA se mantuvo en esa sección hasta la edición 18ª de 2015. Su fama se ha extendido por muchas partes sin que nadie reparara en verificar su existencial real, como apunta Alberto. Tal es así que cuando en 2008 se creo Wikilengua, su creador "no reparó en que lo de ADADA era una broma, y la mantuvo en la lista de siglas. Y allí sigue...", subraya Alberto.

En todo caso, sea broma o no, yo en el próximo año le haré llegar una nota participándole mi categórico deseo de ser admitido en la ADADA. Y ahora les diré porqué. Hace unos meses debuté con unos fuertísimos dolores de tripa que no cedían con nada. De modo que una tarde ya desesperado acudí a Urgencias, al hospital más cercano en aquel momento, me exploró, según parece, la jefa del servicio de urgencias, a la que insistí que tenía una hernia inguinal, y que podría ser una de las causas. Dijo que de hernia inguinal ¡nada de nada!, "en mi palpación no la detecto". Pese a ello, le comenté que me había sido diagnosticada por ecografía, y además sometido a un fracasado intento de eliminarla quirúrgicamente en un hospital de la SS. Me enfadé con la cirujana y me fui a casa. No he vuelto

Sin embargo, ella me preguntó por mis vicios. Que si fumaba; ya no, dije: hace veinte años que lo dejé. Que si tomaba alguna droga. No, por supuesto, aseguré; y que si bebía alcohol. No, apunté. Pero insistió: ¡No bebe nada! ¡No, no bebo nada!, subrayé algo molesto. Bueno, si acaso una cerveza muy de vez en cuando, y si a eso se le llama beber, pues sí. Y ella repitió, SÍ...

En su parte de alta señaló a mis dolores como algo inespecífico, que bebiera agua y tomara algún analgésico. Con eso se me pasaría. Sin embargo consignó algo que no puedo olvidad: Ex fumador y Alcohólico, decía el texto. Olvidé decir a la doctora que mis cervezas, una al mes (como mucho) eran 00. Quizá entonces hubiese rectificado y haber puesto Alcohólico 00. Tal vez.


sábado, 26 de noviembre de 2022

Él

Todo era perfecto: su rostro, los ojos, la boca, el pelo... El cuerpo. Como ella había soñado. Ahora solo restaba programarlo. Quería que fuera culto, sensual... erótico y sexualmente arrollador.

Eso no era barato, no; pero deseaba lo mejor. No le importaba el precio. Rachel podía costeárselo, y amaría a ese hombre durante el resto de su vida. Estaba hecho a su capricho. Sería su primer y único humanoide. Se casaría con él, y estaba segura que no necesitaría nada más en la vida. Si muchas mujeres buscaban el amor y después eran unas pobres infelices, unas desgraciadas, a ella eso nunca le sucedería. Nada podía fracasar en su caso.

El día fijado para ir a por su pareja al Centro Español de Creación Biológica y Programación de Humanoides se levantó temprano y nerviosa. Apenas había podido dormir y descansar durante la noche.

Se duchó, desayuno, arreglo... Hoy todo lo hacía maquinalmente. Su pensamiento estaba en otro lugar. Después de mirarse en el espejo del salón, y darse el visto bueno, se dispuso a salir. A sus indicaciones de voz, trasmitidas por el sistema inmótico del edificio, dos hombres llamaron suavemente a la puerta, y se situaron a ambos lados, entonces ella salió.

—Bueno días, señora.

—Hola, chicos. Vamos allá. Hoy será un día largo y entretenido.

Un tubo acristalado les condujo a gran velocidad hasta una planta baja, muy vigilada, donde su vehículo esperaba. Los acompañantes subieron a otro estacionado delante del suyo, y partieron.

La ciudad aparecía sumergida en un todo nebuloso, sin visibilidad, y donde solo era posible surcar las rutas ya fueras aéreas o terrestres mediante vehículos autónomos como los que transportaba a Rachel y sus guardaespaldas. La atmósfera de Madrid estaba convertida, hoy más que otras veces, en una especie de plasma que casi podía ingerirse, y donde las formas arquitectónicas aparecían como diluidas. Los habitantes, con sus rostros ocultos detrás de extrañas mascarillas necesarias para sobrevivir, daban a la ciudad un aspecto de soledad atroz. Solo los humanoides prescindían de ellas: no las necesitaban.

Cuando llegaron, ÉL ya estaba listo y acompañado por los máximos responsables del Centro. Hubo saludos e intercambio de palabras... información. Al mismo tiempo, el director, extendió a la presidenta toda la documentación acerca de su adquisición contenida en un dispositivo encriptado. Terminado el encuentro protocolarios, ÉL pudo acercarse hasta ella, bajo la mirada atenta de los dos guardaespaldas, y besarla en los labios. Su aliento era vaporoso, como una brisa. El hombre es hermoso, se dijo Rachel. Más de lo que imaginaba, mucho más. Todo el esfuerzo y el gasto ha merecido la pena, pensó.

Me llamo Libio, dijo el humanoide, y te conocí a través de un holograma, y ese fue el modo en que me enamoré de ti. La programación actual nos preparara y predispone, pero no lo hace todo. Nosotros... ya sabes, los manufacturados en laboratorio, tenemos capacidad y autonomía cognitiva una vez hemos salido del proceso de fabricación, y también de un potencial casi ilimitado para integrarnos socialmente e reinterpretar el estado de las cosas. Como sabes por la documentación entregada de mi historial soy doctor en medicina, concretamente médico forense, y me gustaría poder dedicarme a esta especialidad en un futuro, subrayó Libio.

A Rachel no le pareció mal. Deseaba formar una familia idéntica a la de los demás, la de sus amigas y conocidos, pero en ausencia de conflictos. Así pues por qué no iba a poder trabajar su recién adquirido hombre en lo que le gustase y para lo que estaba formado. ¡No trabajaba ella dirigiendo el país!

Esa primera noche hicieron el amor. Todo fue como Rachel esperaba: Libio era de una sexualidad arrolladora.

El desayuno estaba sobre la mesa. ÉL saboreó el primer café con leche y cruasán de su vida, mientras Rachel le observaba enamorada.

Luego Libio quiso saber cuánto tiempo llevaba ella programada. La presidenta respondió con una sonrisa y un beso húmedo en su boca. Relajate y descansa para esta noche porque saldremos a cenar y después follaremos, le dijo en un tono confidencial. Ahora tengo Consejo de Ministros.

Al día siguiente, temprano, el desayuno estaba sobre la mesa: el café humeaba y la bandeja con los cruasanes recién salidos del horno esperaba. El personal se encontraba en su puesto de trabajo, como cada mañana. Nada parecía distinto al de otros días en el Palacio de la Moncloa. 

#Historiasdelfuturo

El rostro humano de la innovación: Michael Jackson 

La innovación supone un cambio y un avance en la mayor perfección de lo innovado: es la creación de un arquetipo. Hay innovaciones que facil...