Acaba agosto y siento nostalgia de la gente que ha dejado la playa donde a diario y siempre en el mismo punto llegaba se saludaban y entretenían charlando. Mientras los observaba, totalmente desnudas, como yo, reflexionaba sobre algo tan, quizá insignificantes como es la forma de mirar y ver. Entonces me vino inmediatamente a la memoria un corto texto que hacía referencia a esta reflexión. Era una hoja suelta, volandera, firmada por un tal John Nitran:
Desde mi ventana podía ver el parque donde las hojas de los ficus movían el viento, y los niños correteaban. Vi mi imagen junto a ellos; imagen de tiempo pasado.
Asomado a la ventana vi como ahí abajo pasaba por delante de mí con su perro lentamente. Su figura se fue empequeñeciendo hasta doblar la esquina. Entonces sentí nostalgia, soledad, excitación...amor.
1,2,3... son aviones que veo cruzar el cielo desde mi ventana dejando una estela de sueños, esperanzas; vidas, imaginando un destino y un futuro.
Es de noche y a través de la ventana veo otras que se iluminas o se esconden. Es un baile silencioso de risas y juegos, llantos, muerte, sexo. Vecindad. Vacío.
Desde mi ventana veo otra ventana donde una mujer asomada hace pompitas de jabón y mueve al viento.
Hoy he mirado desde mi ventana el inmenso cielo incoloro y pensé en el mundo, en su gramática. Me encogí.
Desde mi ventana he mirado hacia dentro y sentí miedo, miedo por el desconocido que tenía junto a mí.
Miré por la ventana y vi al mirlo, familiar, el de siempre, el eterno, corretear por el tejado. Sentí vergüenza.
Desde mi ventana vi y sentí la brisa húmeda del mar, y cómo sus grandes olas dejaban espumarajos en la orilla, junto a la arena. Miré más allá, hasta el Helesponto, Troya (la guerra de todas las guerra), y entonces hasta mí llegó el lamento de Casandra, sobre este oleaje, camino de la muerte.
Desde mi venta vi una figura que pugnaba por saltar desde una terraza. Moví las manos, hice gestos, quise gritarle: ¡No, no, no! Entonces sentí que alguien me sujetaba por detrás.
Esta mañana vi desde mi ventana una cabina telefónica en la que había un niño acurrucado en el suelo, y me imagine al teléfono en silencio observando al niño dormido.
Delante de mi ventana veo un muro que se abre y un recuerdo: Nuevedemayo. Stutthof. El primero y el último campo de concentración. Abro la ventana y escucho esa voz: Frage nicht'ne Frages (No preguntes).
John Nitran

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